Flores que huelen a progreso (Reportaje Especial).

A las seis de la mañana, los rayos del sol que asoman tímidos entre la espesa vegetación, y la densa niebla posándose sobre las copas de los pinos y las plantaciones de café, hacen de Despala Quemada No. 2 un lugar idílico para respirar aire puro y disfrutar una taza de café bien caliente. A tan sólo 15 km de la carretera que va de Matagalpa hacia Jinotega, en este poblado de la comarca Aranjuez, nació una iniciativa pionera en el país: el cultivo de flores.

A lo largo de una trocha, que rodea el cerro Arenal, desde donde nacen manantiales de agua pura, se ven surcos de helechos, rosales y hasta orquídeas que crecen salvajes sobre el verdor de los arboles constantemente alimentados por el rocío de esta reserva natural. Hasta la comunidad no llegan buses, el andar sobre caminos que suben y bajan debe hacerse a pie, a no ser que se cuente con su propio vehículo. Allí llegó en el año 2010 el principio de un sueño de progreso y nuevos tiempos con la instalación de la electricidad. Carlos Cabrera, quien habita en este lugar, vio en el arribo del suministro eléctrico la oportunidad de realizarse económicamente; el primer paso fue poner en su humilde casa de madera una pulpería, para ofrecer gaseosas heladas, un producto muy buscado aún con el constante frío que reina en ese sector. Para ese entonces cultivaba hortalizas, pero anhelaba más; junto a su esposa, doña Coco (Socorro Ruiz), deseaban darle a sus tres hij@s educación y un futuro mejor. Desde hace tiempo, cuando a ella le heredaron una manzana de tierra empezaron a labrar un proyecto que muchos, incluso miembros de su familia, consideraban una locura, y es que don Carlos, desde “zipote”, trabajó en una hacienda productora de flores y desde ese entonces se propuso convertirse algún día en un cultivador de este rubro.

Para cumplir con su propósito, requería tres cosas: luz eléctrica, porque a como él explica hay flores que necesitan luminosidad por la noche y sin este servicio básico sería casi imposible plantar las variedades de mayor demanda, en segundo lugar agua para regar, y lo más importante, el financiamiento; y es que la floricultura no es un cultivo tradicional del país, por lo cual los bancos y financieras no apoyan con créditos.

Don Carlos recuerda que tiempo después de instalarse el tendido eléctrico, llegaron dos promotores de PELNICA (Proyecto de Electrificación de Nicaragua), ejecutado en ese momento por el Ministerio de Energía y Minas (MEM), hoy en día por ENATREL. Como objetivo primordial querían empoderar a las mujeres, por lo cual desarrollaron una serie de talleres de género para hablarles sobre las mismas oportunidades que debían gozar hombres y mujeres; también se promovieron capacitaciones sobre estrategias económicas para apoyar el desarrollo rural con el aprovechamiento del fluido energético. Ronald Tenorio, Especialista en Desarrollo Empresarial, de PELNICA, manifiesta que en un comienzo se hicieron distintos planes de negocio, como panaderías, pulperías y cultivos de flores que varios pobladores de la zona realizaban pero de manera artesanal, “se hizo un seminario sobre iniciativas productivas y de crédito, que tuvo una duración de tres semanas, con la finalidad de darles herramientas técnicas y comerciales para llevar a cabo los emprendimientos; en el caso de don Carlos, el ya cultivaba flores pero las vendía a cualquier precio, pues no conocía la demanda de su producto ni los costos de producción”.

“Yo dije, esta es mi oportunidad; porque una de las tareas que me dejaron fue ir a las floristerías a realizar encuestas sobre las variedades de flores que más buscaban y los precios del mercado, y me pude dar cuenta que sí se podía competir”, señala don Carlos. Con un plan de acción bien estructurado, el siguiente paso era conseguir el capital necesario para hacer andar el proyecto.

Una de las características de PELNICA, es que además de llevar la electricidad a comunidades donde tiene presencia, promueve una estrategia de Desarrollo Rural e Igualdad de Género; “los talleres alcanzaron un nivel de éxito que llevo a pensar en conseguir un fondo propio para financiar las propuestas de negocios que se estaban gestando”, indica la Cra. Elba Mendoza, Coordinadora de PELNICA. Agrega que se entablaron conversaciones con la Cooperación Canadiense, a través del Departamento “Foreign Affairs, Trade and Development Canada”, el cual provee los recursos monetarios para estas electrificaciones. En reuniones se expuso la necesidad de financiar 20 iniciativas de fomento a la Pequeña y Mediana Empresa Rural (Mipyme), “para gran alegría dijeron que sí y se destinaron US$ 100 mil”.

Con un capital de U$ 5,917.68, en el 2012 inició Multiflores, una empresa familiar, donde don Carlos y doña Coco, además de ser socios en la vida, ahora lo son en los negocios. Para llegar a la parcela donde se encuentran plantadas rosas rojas (la más solicitada), crisantemos de diversos colores, hierberas (margaritas), solidagos, incluso asper morado y blanco, se recorren unos mil metros, siguiendo un surco entre dos montañas divididas por el recorrido de un riachuelo, el cual se pierde hasta unirse a un río, apreciándose así una vista que hace olvidar la gran caminata y la falta de aliento. Esa manzana de tierra que la mamá de doña Coco le heredó “es una maravilla; cuando me preguntaron que si quería tierra en lo alto, lo consulté con mi marido y me dijo que mejor escogiéramos en lo bajo, porque era más fácil de llevar el agua; mis hermanas y mi mamá pensaron que estábamos locos pero yo siempre he apoyado a Carlos, porque creo en su visión”, relata doña Coco.

Para llevar el agua hasta la plantación se aprovecha un pequeño manantial que cualquiera confundiría con un charco en el camino, pero es agua que baja de las montañas del Arenal; ahí don Carlos colocó una manguera que desciende dos mil metros. “Es llevada por gravedad y llega con buena presión”, así lo demuestran los aspersores instalados en el invernadero, que riegan las hierberas; y es que el regado de cada tipo de planta tiene su ciencia, y no cualquiera puede hacerlo. También se construyeron canaletas por donde discurre “el chorro” e igualmente se utilizan para colocar las flores una vez cortadas, así mantienen la frescura. De no ser por esta innovadora idea y de haber escogido la parte alta de las tierras, los costos de producción se incrementarían “porque hubiese tenido que comprar una bomba eléctrica”, expresa don Carlos.

La mayor parte del préstamo se invirtió en la construcción de un invernadero, que aparte de madera, requiere de un plástico especial que solo venden en Costa Rica y cada metro tiene un precio de 1.50 dólar, a eso hay que agregarle los costos de traslado. De ese país igualmente tienen que importar papel de leche para envoltura y mallas.

En la plantación el trabajo es de casi 24 horas, pero la jornada laboral para los siete trabajadores que apoyan comienza a las seis de la mañana y culmina a las dos de la tarde. “Siempre hay que hacer”, dice don Gregorio López, quien es el supervisor y “mano derecha” de don Carlos; además de ser el espec
ialista en cultivo de rosas y el encargado de coordinarse con los demás para todas las tareas, desde la limpieza de la maleza en los surcos hasta el regado de los crisantemos y hierberas; entrena a los 22 colaboradores que se contratan para los tiempos de mayor productividad, como los son mayo y diciembre. “Antes de venir a Multiflores, trabajaba con otro gran productor; aprendí mucho, pero no tenía espacio de ver a mi familia, otra cosa era que me quedaba muy largo de mi casa. Ahora, tengo la ventaja que aporto al crecimiento de la empresa, puedo ver a mi esposa, que también trabaja aquí, y mis ideas son valoradas y puestas en práctica, creo que fue gran cosa que viniera la luz a la comunidad porque sin eso hubiera sido imposible estar donde estamos”, cuenta don Gregorio, mientras da mantenimiento al rosal que él mismo plantó y por el cual esperó con ansias más de seis meses para verlo dar sus primeras rosas, que hoy venden a cuarenta córdobas la docena.

Otra de las labores de don Gregorio es encender las filas de bombillos sobre el sembradío de solidago y  crisantemo. Los doce mil córdobas invertidos en llevar la energía eléctrica hasta la plantación “ fue parte de la ganancia y valieron la pena, se encienden por un periodo de dos horas, de las siete a las nueve de la noche, porque es lo que ese cultivo necesita para alcanzar cierta altura”, explica don Carlos, destacando que lleva un control estricto del consumo energético, “pago alrededor de mil a mil quinientos córdobas y no desperdiciamos, porque si sube la factura se eleva el precio de las flores y por ende disminuye la ganancia”.

Y es que en la Familia Palacios la austeridad es la norma, se enseña que lo ganado se vuelve a invertir; enseñar a sus tres hij@s el valor del dinero y lo que cuesta ganárselo, por eso les destinaron dos hileras de hierberas, donde ellos administran el cultivo, el personal y todo lo que conlleve, del dinero recogido se pagan sus estudios; la hija mayor, Jetsibel, cuenta con orgullo que de esas hierberas se financió un curso de computación y está sacando un Técnico Medio en Caja todos los viernes, por el momento cursa el cuarto año de secundaria los días sábados, porque en la comunidad no hay escuela, va al Instituto Nacional Liceo Picado, considerado el mejor colegio del norte en educación secundaria. Con sus 15 años se ha convertido en otra socia más y asiste a su papá en las entregas de pedidos, “yo estoy muy feliz y me gusta mucho, antes de que iniciáramos no salía de Aranjuez, si acaso íbamos de vez en cuando a Matagalpa, ahora he ido a Managua, Estelí, Chinandega y León; mi sueño es estudiar administración en León, pero la verdad es que me voy a quedar en Matagalpa, para estar cerca de mis padres y ayudarles”.

De ese arduo trabajo se han visto frutos, la casita de madera donde antes habitaban se convirtió en cocina, porque construyeron una vivienda de concreto, todavía no hay puertas, pero si cada quien tiene su propio cuarto, adquirieron un televisor y cuentan con un sitio privilegiado para el teléfono, vital para el negocio. En el amplio porche que dejaron, Jetsibel y doña Coco se sientan por las tardes a compartir sueños, como el de abrir una floristería, incluso han visitado locales para rentar, pero esa meta todavía espera; mientras continúan la conversación, doña Coco elabora arreglos florares, ha aprendido viendo a las floristas matagalpinas, y entre flor y flor cuenta de la más reciente celebración familiar, los quinceaños de su hija; añade que sin la electricidad ni eso hubiese sido posible o quizás sí pero a menor escala, y es que “los norteños son fachentos” dice el dicho y para  muestra esta familia, “repartimos más de cien tarjetas, matamos un cerdo, más de cien nacatamales salieron, compramos 40 libras de posta de res para asar y más de noventa libras de pollo, estuvo alegrísimo, llenamos la iglesia de flores, yo hice los centros de mesas”, relata doña Coco; mientras Jetsibel contenta muestra fotos de ese día y señala los arreglos de su mamá, ella y don Carlos coinciden en que es muy buena en ese oficio.

Gracias a Multiflores el progreso ha llegado a Despala Quemada, comunidad donde siempre ha predominado la siembra de café; actualmente las flores son parte de un nuevo oficio, incluso para los tradicionalistas. Manuel Acuña, a sus 81 años está disfrutando de las bondades de la energía eléctrica, “tengo tres celulares para comunicarme”, cuenta mientras entrega 12 moños de helechos y hojas lisas. Cultiva tres manzanas de café y con lo obtenido en una sola producción hizo su “buena casa de concreto”, no obstante encontró en el cultivo de coludos y cipreses una forma de ingresos extra para su familia. “Crecían como monte sobre los surcos del cafetal; de vez en cuando había gente que me decía si les podía vender, pero no me resultaba, porque tenía que salir cargándolos hasta el pavimentado (carretera), y yo ya estoy viejo; después me di cuenta que Carlos estaba comprando plantas para distribuirlas y le pregunté si le interesaba, ahora solo me llama y le traigo los moños, me ha dado tan buenos resultados que hasta las estamos sembrando alrededor de la casa, la planta nunca se pierde, solo crecen más y más, y el precio en que él me las compra es justo”.

Así como don Manuel, más vecinos se han sumado a este esfuerzo, venden sus flores a Multiflores, quien las distribuye en Managua, Matagalpa, Chinandega, León y Estelí. Las entregas se realizan por las mañanas para que lleguen frescas a su destino, por eso el corte se efectúa en horas de la madrugada; en buenos tiempos incluso se alquila un camión y se dividen los destinos, cada hijo va con los paquetes hasta las ciudades y en una libreta anotan la cantidad de dinero recogido. Don Carlos confía ciegamente en sus trabajadores, de los permanentes la mayoría son mujeres; Iris Cruz tiene siete meses de estar laborando, en su momento ella participó en los talleres impartidos por PELNICA, “veo este trabajo como una oportunidad de aprendizaje, ya que más adelante yo también quiero cultivar plantas y venderlas en una parcelita que tengo, además aquí no siento que hacen diferencias por ser mujer, y gracias a esta labor puedo aportar económicamente en mi hogar”, afirma mientras alista manojos de flores para un pedido que va a Chinandega.

A la fecha, este negocio familiar ha logrado alcanzar niveles de exportación, cuyos conocimientos empíricos se han ido puliendo con el paso del tiempo y la experiencia de campo. El sueño conjunto de la familia Palacios y los promotores de PELNICA es exportar a toda Centroamérica en un futuro cercano.

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